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“Mano derecha del Padre Fundador”
Hacia el 2014
“Mano derecha del Padre Fundador”
ALEX MENNINGEN
Nació el 20 de Octubre de 1900 en Hillscheid. Tenía cuatro hermanos. En el otoño de 1913
comenzó el estudio con los Palotinos en Schoenstatt. Le tocó participar como soldado en
la Primera Guerra Mundial un corto tiempo. En 1920 entró en el noviciado de los
palotinos en Limburgo y luego continuó sus estudios de Teología en la Universidad
Gregoriana de Roma. El 8 de Agosto de 1926 fue ordenado sacerdote. Desde el 1928 se
convirtió en un estrecho colaborador del P. Kentenich en el Movimiento de Schoenstatt.
Fue asesor de la Juventud masculina y Espiritual del seminario de los Palotinos en
Schoenstatt. Durante el exilio en Milwaukee del P. Kenenich se convirtió en cabeza y
referencia para la Familia de Schoenstatt internacional. El 19 de Mayo de 1994 murió en
Schoenstatt, en Sión.
Testimonio P. Padre Meninnguen
"Después del Acta de Fundación, en 1914, los sucesos alrededor del 18 de Octubre de
1914 han sido relatados un poco erradamente. Los que escriben la historia lo han
relatado así como un Pentecostés. El entusiasmo, después de 10 a 20 años, lo trasladaron al
18 de octubre mismo.
En realidad fue así: después de 8 o 10 días la homilía se había olvidado totalmente; ya no
existía en la conciencia general. Nadie de nosotros había captado la importancia de ella;
sólo nuestro Padre comprendía la trascendencia de ese acto. Eso prueba que Nuestro
Padre la anotó muy exactamente y la guardo por muchos años en sus actas. En los
escritos nuestros y de José Engling, no se encuentra por ninguna parte la fecha del 18 de
octubre, como tampoco el texto de la plática. En los escritos de J. Engling y H. Wormer, no
se encuentra ni siquiera el contenido. Nuestro Padre también calló sobre esto.
Solamente en el año 1925 el Padre Kastner la sacó del archivo por insinuación de
Nuestro Padre y sólo entonces nos dimos cuenta de su importancia. Alrededor de N.P.
había un círculo al que pertenecía el Padre Kolb, con su barba, el Padre Mulbayer que,
como San José, era el procurador de la casa, el Padre XX y yo. Cuando se supo que el 18
de Octubre fue la verdadera fundación de Schónstatt nació la siguiente pregunta:
¿cómo llegó Nuestro Padre a ese momento de fundación? Nadie le quería preguntar porque
era algo indiscreto preguntarle qué había pasado en su alma. Me pidieron a mí que le
preguntara porque creyeron que lo podía hacer mejor.
Un día con una ingenuidad filial, le dije: " Padre, ¿Ud. tuvo el 18 de Octubre una visión o
llegó al momento de fundación a través de gracias místicas?" El Padre Kolb se puso muy
serio, casi se enfadó; él, que leía tantos escritos místicos, estaba seguro que eso no se le
podía preguntar a una persona. N.P. se rió y contestó que sólo por los signos de la Divina
Providencia, sin visiones, ni gracias místicas o milagros.
En la noche, el Padre Kolb me tomó por la esclavina y me dijo: " quédese aquí"; con una
cara muy seria me dijo: "¿cómo se atreve a preguntarle a N.P. sobre asuntos de su alma?
Solamente porque es muy joven se puede perdonar que Ud. haya hecho esas preguntas tan
atrevidas". Tuve un gran cargo de conciencia pensando que había hecho algo muy malo.
Volví al cuarto del Padre y le dije: " Padre, el Padre Kolb se enfadó por lo que le
pregunté". "Tu pregunta no es atrevida", me contestó. “Hace tiempo que estaba
esperando que me hicieran esa pregunta. En estos casos no soy una posesión privada,
sino de toda la familia; la familia debe y puede saber cómo ha surgido el 18 de Octubre; el
18 de Octubre fue un riesgo muy grande, la puerta se abrió muy poco pero quedó la
certeza de que Dios había hablado; tenía que esperar a que la Divina Providencia misma
mostrará el 18 de Octubre como el momento de Fundación.”
Tenemos que imaginarnos la paciencia de N.P al esperar que la semilla brotara en las
almas y necesito muchos años y tampoco brotó igual y de la misma manera en cada una de
ellas. Sólo en José Engling encontramos todo el contenido del Acta de Fundación.
Tampoco con la fecha ni el nombre. Tampoco en mis apuntes he encontrado algo, tengo
todos los temas de aquel tiempo, pero en ninguna parte del 18 de Octubre como Acta de
Fundación. En José Engling encontramos todo el contenido, incluso N.P. dijo que era el
Acta de Fundación vivida. Encontramos la consagración de los congregantes, lo que es
hoy la Alianza de Amor, las contribuciones al Capital de Gracias, vinculación local al
Santuario. José Engling no supo nada del 18 de Octubre a pesar de vivirlo. Murió antes de
que el 18 de Octubre fuera reconocido oficialmente como el momento de fundación del
Movimiento.
Ahora observamos el trabajo educativo de N.P. para llevar el contenido del acta a la
conciencia de todos. Los principios fundamentales educativos se pueden reducir a dos
frases: I/ mínimo de reflexión y máximo de vida; 2/ conducción a través de dirigentes y de
contacto personal.
Habíamos pasado un año en Erhebreistein y el año 1915 volvimos a Schónstatt. La casa de
estudios se había transformado en un hospital y abajo llevábamos una vida muy pobre;
el Padre Espiritual participaba de esta vida. No teníamos camas ni muebles. Sólo
contábamos con una maleta para guardar todo lo que teníamos; junto a nosotros había
muchos ratones. En el año 1916 había una hambruna muy grande; sin patatas ni pan;
solamente había remolachas. Además teníamos un Padre prefecto muy estricto que
podía dar castigos muy duros por las faltas más pequeñas de disciplina. El castigo más
fuerte era hincarse al lado del piano y no recibir comida. Los jóvenes decían que
tenían que ayudar Misa junto al piano. Se podría suponer que en esas condiciones era
difícil aspirar al ideal y pensar en el contenido del acta de Fundación.
Cuando llegamos a la primavera de 1915, tuvimos una sorpresa. El Santuario estaba
muy bien arreglado y con estrellas pintadas en el techo. No había imagen de la Mater,
sino de San Miguel. Nosotros nos sorprendimos pues la habíamos visto antes y sólo
servía para guardar herramientas. También había alambres de electricidad y se podían
producir cortocircuitos. El Padres X tenía la responsabilidad de la casa y de la luz; nos
íbamos a la capilla y hacíamos cortocircuitos y con esto nos vengamos del Padre
Prefecto. Ahora todo era muy distinto y me fijé que los congregantes iban muy seguido al
Santuario. Observé a Max Bruner y a José Engling; se adelantaban al altar y sacaban un
papelito y los leían y se iban. Cuando una vez estuve solo también saque un papelito y lo
leí. Eran los pequeños sacrificios: he hecho bien las tareas, hice bien el aseo, no enojé
al Padre X... El enigma era cada vez más grande. Los congregantes hacían
conferencias que ellos mismos redactaban. Mi asombro fue más grande cuando supe
que José Engling dirigía una discusión. Era increíble porque tenía un fallo en el
lenguaje, no podía pronunciar bien la r y la s. El colmo de las sorpresas fue cuando supe
que el Padre Espiritual estaba sentado al final sin decir nada; sólo al término hacía una
síntesis.
Nosotros los más jóvenes queríamos ser candidatos para la congregación. Cuando no
entendíamos algo íbamos al cuarto del Padre y así le pedí que me explicara lo del
santuario. Nuestro padre me dijo: " habla con José Engling". Yo le dije, con cara larga:
"¡¿con él?!". Con esa exclamación lo dije todo: José Engling no me gustaba, era diferente a
H. Wormer, o el P. Eise. Caminaba un poco agachado, tenía un paso pesado y cuando
corría parecía que derribaría los muros. Los otros eran jugadores más elegantes, podían
lanzar bien la pelota, etc. pero, ¡José Engling...! Lo único que me impresionaba era que era
auténtico, no quería parecer más de lo que era, y era un buen compañero. Ayudaba a los
alumnos más débiles aunque a él mismo le costaba. Nuestro Padre me dejó con esta
respuesta y nunca más me preguntó. Lo cierto es que fui a hablar con él y me contó todo
sobre la congregación y la consagración con María. Descubrí que José Engling era un
hombre carácter, con un buen corazón, con un alma fuerte y profunda, siempre dispuesto a
estar al lado de los más débiles. Entonces comencé a admirarlo.
En una ocasión José Engling me dijo respecto a un comentario mío hacia un chico: tú no
debes burlarte de su nariz. Desde ese día no me burlé más de X por su nariz, porque José
Engling se había convertido en una autoridad para mí. Un día llegó X con una cara
radiante por que había sacado un dos. Un equivalente a un 8. yo le dije: "ahora tienes que
hacerte candidato de la congregación y confesarte con el Padre Espiritual”. Él me dijo:
"Yo creo que me arreglaré solo con la gramática".
Después le conté a N.P. y me dijo: "no debes hacer ninguna presión para que se
confiesen conmigo y tampoco para que me tomen como Padre Espiritual". Era muy
delicado, no quería que presionaran a nadie para entrar a la congregación o para hablar
con él; aunque él estaba dispuesto a recibir a todos. Yo no me dejé convencer por el
Padre y le dije: "no será un buen congregante si no se confiesa con Ud." N.P. mantuvo su
postura: "no lo debes hacer, no quiero que ejerzas presión sobre los otros".
José Engling me recomendó otro grupo. Eran dos que estaban en peligro; uno de ellos
después entró en la Legión Extranjera. Una vez cuando tuve mi primera misa en mi
pueblo, un vagabundo preguntó por mí; era mi amigo de antes; era el que José Engling
me había recomendado para el apostolado; nos acordamos de los buenos tiempos de la
congregación. En mi curso cada uno tenía un grupo de satélites tras de sí. Yo también
tenía uno alrededor mío. Les hacía las tareas y repartía los paquetes de mi casa. Todo
esto me lo enseñó José Engling. Nosotros tuvimos que sufrir mucha hambre y no estaba
permitido recibir paquetes; nos dijimos: "no es una ley de Dios, sino del Prefecto, por eso
podemos recibirlos". Mi hermano y mi hermana Clara me enviaban paquetes. Yo los
metía en un hoyo. Tenía la conciencia tranquila a mi manera. Yo sabía que el Padre
Espiritual envolvía su desayuno y se lo mandaba a una persona de confianza, a un chico que
tenía más hambre. Cuando llegaban mis hermanos, todos mis satélites estaban despiertos
para que no lo viera el Padre X: un día me lleve un pan y lo escondí en el dormitorio
con uno de mis satélites y preparamos un banquete para la noche. En la noche tuvimos
una desilusión, pues quedaba solo un pedacito y 20 peniques. Un chico que tenía
mucha hambre se lo había comido y para calmar su conciencia dejó 20 peniques. Mis
satélites decían enfadados: "si lo encontramos le vamos a pegar". Al día siguiente le dije a
uno lo que pasó y que si lo encontraba le daría el resto por que debía de ser uno
pequeño; y dijo: "dámelo porque yo fui". También pasamos mucho frío. Un día nuestro
Padre me dio una manta para que se la diera a un niño que lloraba de frío. A mí me
impresionó mucho como N.P. regalaba su desayuno, sus mantas; por eso para mí era
fácil eso de repartir.
José Engling me dijo: "tú lo has hecho bien porque has ayudado a los demás; ahora
puedes invitar uno tras otro a la congregación y contarles como yo lo hice contigo". En los
recreos siguientes les hablé sobre el Capital de Gracias, Consagración, etc. pero no podía
saber si estaban tan conmovidos como yo cuando me lo contó José Engling. Con el tiempo
me di cuenta que José Engling conversaba con todos los dirigentes. Así de él salía una red
de contactos, a través de los dirigentes, y también personalmente. El Padre Espiritual
recomendó a José Engling encargarse de la alegría durante los recreos. Resultó, y
pudimos ver como por N.P. se inició una gran aspiración para poder soportar la hambruna
y el frío. Todo esto partió de N.P. con José Engling y a través de los alumnos llegaba
a todos. Más tarde, el Padre que hizo la primera biografía de José Engling, llamó a ese
año "el año grande de José Engling."
La semilla de la fundación debería haberse sofocado por los años tan difíciles en el
internado. Además del hambre y el frío, la guerra con sus continuas noticias de muertes.
Cuando íbamos de paseo a Berg Schónstatt, se oían los ruidos de cañones y todos
decían: "¡Mi papá, mi hermano!, mis parientes están ahí"; y esto provocaba un
ambiente triste. Las cartas llegaban de vuelta: “ya murió”. Todavía me acuerdo de
muchas caras tristes. En general el ambiente era tan triste que no se podía esperar el
florecimiento de la congregación. A esto se unía que N.P. no decía nada del acta de
fundación; tampoco a José Engling. Mas tarde preguntamos por que no hizo nada por
entusiasmarnos por el 18 de Octubre. Él dijo: eso tenía que dejarlo a la Divina Providencia
y tenía que saber lo que pasaba en las almas". Solamente cuando vio que había llegado a
ser vida lo sacó a la luz pública. Ahí se afirma: un mínimo de reflexión y un máximo de
vida.
Esto es pedagogía de juventud, cuando es con personas mayores hay que dar mas
enseñanzas. Además, N.P. tenía que esperar tanto tiempo para ver la actuación de la
Divina Providencia porque sabía que no eran manos humanas las que habían hecho
la fundación. Él dijo: "desde un principio estaba convencido de que la Alianza de
Amor estaba sellada y que la virgen se iba a preocupar. Allí tenéis pruebas suficientes de
como, por el poder de la Virgen, ha surgido la Alianza de Amor. El Padre puso la semilla y
de ahí surgió todo un árbol. Esta semilla se pudo desarrollar a pesar de los obstáculos más
difíciles."
Durante el exilio del P. Kentenich :
De camino a Milwaukee, lugar de su exilio, el P. Kentenich le preguntó al P. Alex
Menningen: “¿Alex, vienes conmigo?”. El P. Alex lo acompañó durante esos largos años.
Permaneció fiel como María al pie de la cruz. “Nosotros vamos contigo, siempre y con
gusto”, le dijo al Padre Fundador. Durante el tiempo del exilio permaneció como cabeza
representante del P. Kentenich. Durante esos años condujo la Familia de Schoestatt.
Cuando el P. Kentenich regresó, él volvió a ponerse en un segundo plano.
Testimonio después de la muerte del P. Kentenich
He recorrido 55 años al lado del P. Kentenich, desde que tenía 12 años. Cada vez que opté
de nuevo por seguirle experimenté más libertad y crecimiento. Mi vida transcurrió en la
luz de un Mayor que tenía un carisma profético. Durante los años que van de 1929 a 1940,
formé parte de la llamada “mesa del Rey Arturo”, el grupo de los más cercanos
colaboradores del P. Kentenich en la construcción del Movimiento de Schoenstatt. Esas
experiencias en la cercanía del Padre nunca fueron una pérdida de tiempo, todo lo
contrario, una ocasión única para madurar y crecer como persona.
Después de la muerte del Padre, el P. Alex se consagró a llevar adelante los procesos de
beatificación del P. Kentenich y de José Engling. Quería que la vida y obra del Padre
Fundador fuera conocida y aceptada por la Iglesia como una vida santa.
